El Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral nació el 17 de agosto de 2016. Es fruto de la reforma que fusionó los cuatro anteriores Consejos Pontificios, según la voluntad del Santo Padre Francisco expresada en la Carta Apostólica en forma de Motu Proprio Humanam Progressionem.
Se trata del Pontificio Consejo Justicia y Paz, el Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, el Pontificio Consejo Cor Unum y el Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios (para la Pastoral de la Salud).
El nuevo Dicasterio está llamado a expresar la solicitud de la Iglesia en los ámbitos de la justicia, la paz y la salvaguarda de la creación, así como en los relativos a la salud y a las obras de caridad.
Al nacer el Dicasterio, durante un quinquenio, las competencias en materia de migrantes, refugiados y víctimas de la trata, así como la labor de escucha, acompañamiento y apoyo a quienes se ven obligados a abandonar su patria o carecen de ella, fueron confiadas a una Sección situada ad tempus bajo la guía del Sumo Pontífice, asistido por dos Subsecretarios. Desde el 1 de enero de 2023, dicha Sección se ha integrado plenamente en el Dicasterio.
A petición del Papa Francisco, en marzo de 2020, cuando se cernía el espectro de la pandemia de Covid-19, el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, en colaboración con otros Dicasterios de la Curia Romana y otras organizaciones, creó la Comisión Vaticana Covid-19 para expresar la solicitud y el cuidado de la Iglesia por toda la familia humana. La tarea del nuevo organismo, según la voluntad del Santo Padre, era «preparar el futuro (…) con la ciencia y la imaginación, para superar el desafío que tenemos ante nosotros». Durante unos tres años, aprovechando una gran riqueza de competencias procedentes de comunidades locales, plataformas globales y expertos académicos, la Comisión trabajó organizada en grupos de trabajo sobre ecología, economía, salud, seguridad y migraciones, dedicándose al análisis de los desafíos socioeconómicos y culturales del presente para aliviar el sufrimiento y construir un futuro de justicia para todos, basado en la conciencia de que «todo está interconectado». El 31 de diciembre de 2022 la Comisión concluyó su mandato, y la labor realizada ha tenido continuidad en el Dicasterio.
En 2022, la Constitución Apostólica Praedicate Evangelium del Papa Francisco llevó a término la reforma de la Curia Romana iniciada con la elección del Pontífice: una renovación de la Iglesia, en continuidad con la Constitución Pastor Bonus que la precede, que pone el acento en su vocación misionera y fomenta la vida de comunión, que le da «el rostro de la sinodalidad» (P.E., Preámbulo, 4).
En este marco debe entenderse también el camino de renovación emprendido por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. Por un lado, se confirma «la tarea de promover la persona humana y su dignidad otorgada por Dios, los derechos humanos, la salud, la justicia y la paz», así como el interés por «las cuestiones relativas a la economía y al trabajo, al cuidado de la creación y de la tierra como "casa común", a las migraciones y a las emergencias humanitarias», y el estudio y la difusión de la doctrina social de la Iglesia sobre el desarrollo humano integral (P.E., Art. 163). Por otro lado, se hace hincapié en el servicio que el Dicasterio está llamado a prestar a «las Iglesias particulares, las Conferencias Episcopales, sus Uniones regionales y continentales y las Estructuras jerárquicas orientales», colaborando con ellas en el campo de la promoción humana integral. Con ello se quiere subrayar la centralidad de la vida de comunión, «que es para la misión y es ella misma misionera».
La Constitución Apostólica Praedicate Evangelium confirma la competencia del Dicasterio respecto a Caritas Internationalis, la Comisión Católica Internacional de Migración y la Obra del Apostolado del Mar, así como su estrecha relación con la Pontificia Academia de Ciencias Sociales y la Pontificia Academia para la Vida.
Tiene la supervisión institucional de la Fundación Juan Pablo II para el Sahel y de la Fundación VAN THUÂN. En esta última, que lleva el nombre del cardenal vietnamita François-Xavier Nguyễn Văn Thuận, quien fue Presidente del antiguo Pontificio Consejo Justicia y Paz, se integraron los patrimonios de la Fundación Justicia y Paz y de la Fundación El Buen Samaritano (ambas ya suprimidas).
También se le ha confiado la supervisión del Fondo Populorum Progressio para América Latina.
Por último, el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral es Actor de la Causa de Beatificación del cardenal François-Xavier Nguyễn Văn Thuận, declarado Venerable en 2017.