“Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas” (Is 2,4) es el tema del Mensaje del Papa León XIV para la Jornada Mundial de Oración para el Cuidado de la Creación 2026, publicado en el Boletín de la Santa Sede.
Como cada año, la Jornada Mundial de Oración para el Cuidado de la Creación será el 1 de septiembre, fecha en la que dará inicio al Tempo ecuménico de la Creación que concluirá el 4 de octubre, fiesta de San Francisco de Asís.
El Mensaje del Papa León XIV subraya el vínculo entre los conflictos armados y el deterioro del medio ambiente. Dicho deterioro constituye, por un lado, una grave violación de nuestro deber de cuidar la creación y, por otro, una amenaza a largo plazo para la vida de cientos de millones de personas.
En el texto, el Papa explica que «la interacción entre conflictos armados y degradación ambiental a menudo crea círculos viciosos que destruyen ecosistemas, contaminan recursos esenciales, como el aire y el agua, y merman la seguridad de los alimentos. Esto genera pobreza, desigualdad y nuevos conflictos sociales que pueden contribuir al resurgimiento de conflictos futuros».
«Aparte de esto —continúa el Pontífice—, la guerra crea lesiones que perjudican todo el entramado de la vida» y «pone de manifiesto un fracaso más profundo cuando se trata de vivir a imagen y semejanza de Dios, de respetar la vida y de cuidar la tierra que se nos ha confiado».
Si bien señala una responsabilidad política ante los conflictos armados y las crisis medioambientales, el Papa León XIV afirma que «los daños de la guerra y el deterioro de la tierra están entonces profundamente vinculados con la condición del corazón humano», y son, por lo tanto, «causas subyacentes del conflicto y la explotación de la creación que provienen de una crisis ética y cultural, así como de una pérdida del sentido de los límites, del deseo de dominación, de la búsqueda del beneficio inmediato y de la incapacidad de reconocer la dignidad dada por Dios a cada persona humana».
Desde esta perspectiva, el Santo Padre invoca una «conversión personal y colectiva más profunda», la renovación de los corazones que abre nuevas posibilidades, y señala que «el adagio profético “con sus espadas forjarán arados” (Is 2,4) no es entonces sólo una visión que atañe a las naciones, sino una llamada a cada persona». Para todos «es el camino de la auténtica conversión ecológica, donde los efectos de nuestro encuentro con Jesucristo se hacen evidentes en nuestra relación con el mundo que nos rodea».