“Incluso uno solo de estos pequeños” es el tema del Mensaje del Papa León XIV para la 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2026 (JMMR), que se celebrará el domingo 27 de septiembre, último domingo del mes.
En su Mensaje, el Santo Padre dirige la atención a la realidad de los numerosos menores que se ven obligados a abandonar su tierra a causa de las guerras, la pobreza, la violencia, los desastres ambientales y otras tragedias; un número que continúa aumentando de manera dramática. En el contexto de los flujos migratorios, los más vulnerables son precisamente los niños, las niñas y los adolescentes. Además de verse obligados a desplazarse y a dejar su hogar, padecen el sufrimiento de perder a sus padres y seres queridos, la violencia, la angustia de la distancia y la separación provocada por las repatriaciones. Incluso los jóvenes que realizan el viaje junto a sus padres están expuestos a condiciones extremas y traumáticas. El Santo Padre recuerda que son muchos los menores que pierden la vida a lo largo de las rutas migratorias o que se convierten en víctimas de la trata de personas, la explotación, la violencia sexual y otras atrocidades.
En su Mensaje, el Papa León XIV hace un llamado a la responsabilidad de todos, pidiendo que cada persona se sienta implicada en la vida de estos niños y jóvenes; aunque sea uno solo, porque cada niño y cada ser humano posee una dignidad infinita que debe ser respetada. En el ámbito personal, eclesial e institucional, el Santo Padre invita a asumir un compromiso concreto para integrar y valorar a los jóvenes migrantes y refugiados, poniendo en el centro la protección y la dignidad de cada niño, niña y adolescente.
El Papa León destaca la luz de la solidaridad que ya se hace visible en diversas comunidades: la de quienes han decidido no mirar hacia otro lado, la de quienes han abierto las puertas de sus hogares y la de los numerosos voluntarios y agentes que, cada día, curan las heridas invisibles de los pequeños migrantes, dando testimonio de que el amor puede vencer la indiferencia.
El Santo Padre recuerda que todos estamos llamados a realizar un acto de humanidad y de fe: en cada niño podemos acoger y encontrar al Señor. “El que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe” (Mt 18,5). Aunque sea uno solo: no se trata de cifras ni de estadísticas. El Evangelio nos invita a no hacer cálculos; cada ser humano es imagen y semejanza de Dios y presencia del Señor.
Al pedir la intercesión de María, el Santo Padre encomienda a todos los niños migrantes y refugiados a su protección maternal y expresa el deseo de que nuestras comunidades se conviertan en signos vivos y creíbles del Evangelio.